Revisando mis libretas de notas de años pasados sobre Playback, me encontré con un texto donde me permití escribir sin soltar la pluma, algunos pensamientos, dudas y reflexiones acompañadas de una mezcla de emociones sobre el tema de ser líder de un grupo.
Este texto fue escrito el 27 de noviembre de 2016 en un autobús de Cholula a la CDMX. Tenía una semana de haber cerrado un ciclo de 8 años con La Escafandra Ensamble Teatral Playback y realizamos nuestra última función, nos depedimos de amigos y amigas que nos habían acompañado durante esos años y donde yo también me estaba despidiendo de la Ciudad para emprender una nueva aventura fuera de México.
Este texto fue escrito para sacar y exorcizar todo lo que atormentaba mi cabeza y en ningún momento tuve la intención de mostrársela a alguien. Pero la vuelvo a leer y me dan ganas de compartirla (con todo respeto y amor para los y las que fueron parte del grupo en ese momento), porque recuerdo la soledad que sentí mientras fui líder. Hoy la quiero compartir para que si de casualidad alguien me lee y ha pensado o sentido lo mismo, no se sienta solo, sola o sole. Venga pues:
“Ser directora, líder, guía de grupo no es fácil. No es queja, sólo es un hecho. Al igual que satisfactorio, es un reto. Hay que aprender a escuchar distintas voces, hay que descifrar códigos e idiomas distintos. Hay que aprender lenguas extrañas.
Hay que tomar decisiones. Pasando el punto de tomarlas, hay que saber tomar la mejor decisión para todos, para tu grupo, el grupo, la comunidad. Hay que separarte de tí misma lo suficiente para ser parte de la comunidad pero no menos para no perder perspectiva. ¿Cómo sabes cuál es la mejor decisión para todos si todas somos muy distintos? Primero habría que aclarar cuál es la misión de la comunidad, o las pequeñas misiones o metas a cumplir. Para que a partir del intento de llegar a ellas se establezcan las prioridades y/o necesidades. Para luego encontrar la mejor estrategia para llegar a ellas. Sin estrategia no eres nada. Hay que tener una visión global, adelantada, de rayos X, hay que ser visionaria y a veces hasta adivina. Hay que ser tierna, fuerte, vulnerable, indecisa, pero segura y clara.
¿Cómo encontrar el equilibrio de todos estos requisitos, cuando al mismo tiempo estás enfrentando el problema y hay que resolverlo, y encima de todo de la manera en que la mayoría de la comunidad esté beneficiada?
Hay que ser amiga, hay que ser íntima de todos, pero también saber tomar distancia. Hay que ser hemana mayor, incluso ser madre; de todo tipo de madre: cálida, apoyadora, pero también castrante y jodona.
Hay que reconocer patrones para romperlos, renovarlos y evolucionar, hay que sacar ideas a veces de la nada. Hay que poner el corazón a un lado pero nunca soltarlo. Hay que soltar lo necesario para poder avanzar y hacer avanzar a los demás por el camino común. Hay que preveer las catástrofes y el caos, pero también dejar que todos nos hundamos en ellos para encontrar la manera de salir.
Hay que dar la mano, el brazo, el cuerpo entero; y a veces sólo mirar cómo resuelven sus dilemas. Hay que ser mamá gallina y sentirse orgullosa, maravillada por un gesto, por un pequeño movimiento.
Hay que tener agradecimiento por el tiempo, por el esfuerzo, por el caos y el conflicto. Hay que ser mediadora pero también declarar la guerra. Hay que aguantar vara, hay que recibir groserías, jetas, berrinches, y hay que reconocerlos como una hermosa confrontación que hay que resolver, soltar y seguir adelante. Hay que trabajar con los rencores, con el pasado, con las viejas historias que de repete se aparecen sin previo aviso. Las tuyas, las mías, y las del resto.
¿Y cómo no estallar en el proceso?, ¿y cómo no congelarse y pasmarse?, ¿y cómo no disfrutar la adrenalina que también produce la incertidumbre?
Hay que divertirse con los chistes de los otros y hay que ser payasa de los demás. Hay que estar dispuesta al ridículo, exhibirlo, pasearlo y dejar que los otros rían con él. Hay que nunca querer de dejar de aprender, aunque las rutinas sean viejas y caducas. Hay que alimentar la mente con conceptos, imágenes y propuestas nuevas. Hay que saber qué hacer con todo lo nuevo. Hay que hacer espacio para que entre y se sienta a sus anchas. Hay que darle la bienvenida y correr lo que estorba y nomás hace bulto.
Hay que saber despedirse. Hay que despedirse. Hay que enfrentar las rupturas y el adiós. La muerte y la putrefacción. Hay que tener esperanza. Hay que creer que siempre hay un nuevo día, una oportunidad más para equivocarse, para intentarlo y quizá lograrlo.
Hay que aferrarse, ser necia y terca; con lo posible, con lo imposible. Hay que estar demente. Hay que tener la cabeza bien amueblada. Hay que ser humilde para dejar que el ego se alimente balanceadamente. Hay que tener problemas no resueltos, cabos sueltos. Hay que proyectarse con luz, con ánimo y con ganas de que esa proyección nos deje algo, nos libere, nos de paz.
Hay que saber callarse la boca, hay que presionar las palabras, tragárselas y cagarlas en un lugar lejano para que el olor no regrese. Hay que alzar la voz por una misma y por los demás. Hay que ser cable que reciba alta tensión, hay que pensar que vendrán descargas. Si puedes, prepárate tocando tierra; pero generlamente las descargas son imprevistas.
Hay que perder amistades, hay que sobrevivir al desamor y a la falta de cariño. Hay que resignarse a que las cosas no siempre suceden como están pasando en mi cabeza. Hay que abrir bien los ojos para no perderte nada, ni un momento. Hay que hacerse la desentendida de algunas situaciones. Hay que olvidar ciertas palabras para que no te pudran el alma. Hay que saberlo todo y saber que te pedirán respuesta de todo; hasta lo más estúpido, y te exigirán y reprocharán no tener la información.
Hay que olvidar y sentir que estás en el olvido de tu grupo, que te despecian y que ellos siempre lo harían mejor. Hay que tener un monte cerca para ir corriendo hasta él y gritar hasta que no quede nada; patear cabezas imaginarias y escupir en rostros conocidos (pero imaginarios también).
Hay que pasar desapercibida, hay que ser fantasma y diluirte entre los demás, hacerte chiquita y mínima. Hay que querer vivir una gran aventura de la que saldrás victoriosa, raspada y maltratada y apestosa; de la que te sentirás más confundida e inútil que antes, acomplejada y furiosa. Pero de la que te reirás y llorarás con tan solo recordar.
Hay que disfrutar la huella que deja en el cuerpo, la marca tatuada que ya es parte de ti, que no se borra porque no quieres que se borre; que hasta brilla en la oscuridad porque la tinta es luminosa, poderosa, fluorescente. Esa luz que decidiste compartir como guía de esta aventura no se extingue, ya no es un fuego tuyo solamente, es un fuego compartido.
Puras contradicciones existen, puros pares, puro conflicto.
Recibe la soledad como un miembro más de la comunidad a la que hay que darle su espacio y bienvenida. Habrá muchos momentos de disertación y duda, pero finalmente tomarás una decisión. ¿Será la mejor? Para unos sí y para otros no. Te dolerá y te darás palmaditas a ti misma para felicitarte. Y así será… y así es…Para unas sí, para otros no. Balanceando, equilibrando. Estudiando alquimia para encontrar la fórmula secreta que nadie más tiene más que yo misma. Haciendo explosiones y descubriendo el elixir del amor, la juventud, la felicidad eterna, de la fuerza. Seguir buscando el elixir que a todos y todas caiga bien, que apoye y ayude. Y destruir todas las anotaciones y volver a empezar. En otro espacio, en otro mundo, con otras personas; al fin donde estés siempre habrá comunidad. “
Hoy no me siento así, hoy quiero construir de otra manera, hoy quiero hacerlo distinto.
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